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El vehículo, en el que los ingenieros británicos llevan trabajando 18 meses, podría intentar batir el récord de velocidad en tierra en el año 2011 y estar registrado antes de tres años, según señalaron ayer sus promotores.
Se trata de un empeño especial del ministro de Ciencia británico, Lord Drayson, un amante de las carreras de velocidad que está convencido que con inventos de este calibreatraerá a los jóvenes estudiantes hacia las carreras científicas y tecnológicas, que andan escasas de efectivos.
El Bloodhound SSC nunca recorrerá una carretera y por sus características se asemeja más a una nave que a un vehículo terrestre. Para empezar, su motor es el mismo que lleva el jet Eurofighter Typhoon, facilitado por el Ministerio de Defensa al líder del proyecto, Richard Noble, y a su socio Andy Green, un piloto que en 1997 ya batió el récord de velocidad con el coche Thrust SSC, cuando superó los 1.228 km por hora.

En declaraciones a la BBC, el ingeniero técnico jefe, John Piper, reconocía que se trata de "una gran aventura" en la que es consciente de que faltan cuestiones por resolver "pero estoy seguro de que las soluciones llegarán por sí mismas".
Sobre la seguridad que puede haber en un coche supersónico de este calibre, el propio Green, comandante de la Royal Air Force, reconocía que no las tiene todas consigo: "Se tratará de maximizar la seguridad en el diseño pero eso no significa riesgo cero. Estoy seguro de que servirá para inspirar a la generación siguiente de ingenieros entre los escolares del país", señalaba.
Coche con paracaídas
De hecho, para los ingenieros es un gran desafío: para alcanzar la velocidad previstas las ruedas deberán girar cinco veces más rápidas que las que hoy lo hacen los coches de competición de Fórmula 1, lo que podría romperlas en pedazos. Para poder pararse, además de los frenos en los neumáticos se le incorporarán dos paracaídas.

Una de las incógnitas pendientes es dónde se realizarán las pruebas del futuro 'coche bala'. La anterior, la de 1997, se realizó en el desierto de Nevada (en Estados Unidos), pero al parecer el terreno se ha deteriorado mucho desde entonces. Alternativas que se barajan sitúan el escenario en Sudáfrica o en Australia, lugares donde hay suficiente espacio para que alcance su velocidad máxima y pueda frena.
En todo caso, no es el único proyecto en marcha de este tipo. El australiano Rosco McGlashan también está empeñado en diseñar un vehículo que rompa la barrera del sonido. Y en Estados Unidos, Steve Fossett tenía otro proyecto a punto de terminarse cuando falleció en un accidente de avión el año pasado.
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